Continuamos...
En
el patio del hangar, esa delgada mujer que apenas comía media salchicha
de pie en todo el día, acarreaba de acá para allá cargas de veinte
kilos y removía grandes calderos de mineral hirviente con una pesada
barra de hierro casi tan grande como ella. Era una bruja blanca, una
heroína buena. Se pasó tres larguísimos y extenuantes años haciendo esto
y al final consiguió extraer el radio, que era como uno de esos
espíritus de los cuentos infantiles, una sustancia ínfima que llameaba
con fulgor verdoso azulado. Muy bello, desde luego. Pero mortal.
Sobre Marie Curie en la lectura de hoy. "La ridícula idea de no volver a verte". Rosa Montero.
Sobre Marie Curie en la lectura de hoy. "La ridícula idea de no volver a verte". Rosa Montero.

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