29 de septiembre

Continuamos...

En el patio del hangar, esa delgada mujer que apenas comía media salchicha de pie en todo el día, acarreaba de acá para allá cargas de veinte kilos y removía grandes calderos de mineral hirviente con una pesada barra de hierro casi tan grande como ella. Era una bruja blanca, una heroína buena. Se pasó tres larguísimos y extenuantes años haciendo esto y al final consiguió extraer el radio, que era como uno de esos espíritus de los cuentos infantiles, una sustancia ínfima que llameaba con fulgor verdoso azulado. Muy bello, desde luego. Pero mortal.
Sobre Marie Curie en la lectura de hoy. "La ridícula idea de no volver a verte". Rosa Montero.

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