Textos en la "XXXVII fiesta de la aceituna" en Martos

Textos aparecidos  en las bolsitas donde se guardaba el preciado hoyo. 


Mi homenaje al olivo, ese árbol de ancestral generosidad. Desde ...La silla de anea, encantadas de haber prestado a la Fiesta de la Aceituna nuestra colaboración en palabras; y muy agradecidas al Ayuntamiento de Martos. Deseo os guste.


EN EL VAREO


Golpéame con fuerza, 

no temas romper mi compostura.
Deja tu ímpetu en mis brazos,
arroja contra mí tu cuerpo.


Me entregaré a ti sin reservas,

tuyo seré seguro,
tuyo volveré a ser en este día 
como sin descanso lo soy
desde el principio de los tiempos.


Yo soy el olivo,

tú eres mi labriego.


En mi inmensa arquitectura 

habita el ardor de tu presente,
el devenir de los años en mis troncos 
lleva consigo la piel de tus sueños.


Golpéame con fuerza, 

llévate mi fruto de aceite henchido,
este fin tan solo es el principio
de mis eternos desvelos.
No temas abrir mis heridas,
no mires mi dolor con cuidado,
con el vigor de mi robusta estampa
soy yo quien labrar tu porvenir deseo.


Yo soy el olivo,

tú eres mi labriego.

Chony Millán



UN DÍA EN LA COLONIA GEMELLA

Apenas despuntaba el día en la Colonia Tuccitana cuando Flavio y su mujer, Porcia, con los jumentos cargados de las ánforas plenas del aceite de la generosa cosecha, se despidieron de Julia, su primogénita, no sin antes recordarle que dejaban todo a su buen juicio, así como elcuidado de la pequeña Cornelia.
La joven atravesó el atrio y, entrando en la cocina, prendió la mecha de la lucerna de aceite. Sus labios se curvaron en una sonrisa pensando ...en sorprender a la pequeña con su plato favorito, tortas de miel, sésamo y aceite de oliva. Encendió el fuego y procedió a mezclar los ingredientes, dejando para el final su toque mágico. Vertía el aceite lentamente, como un rito, sintiendo en aquellos hilillos dorados toda suerte de augurios de paz, fertilidad y abundancia, como le habían enseñado.
Una vez saciada el hambre, las hermanas salieron de la casa camino del templo, dejando tras de sí un olor a gloria horneada. Ya ante el altar vertieron aceite sobre el ara, invocando a los dioses.
Atardecía y Julia, sentada en el porche, exhaló un suspiro, satisfecha del deber cumplido, mientras contemplaba la verde franja de olivos.

Rosa Teba Pozo

                                        ORGULLO MARTEÑO

¡Qué es ocho de Diciembre, día que se conmemora la XXXVII fiesta de la aceituna en Martos! Que estoy entre la endomingada gente, mi gente, frente al monumento a Los Aceituneros, escuchando atentamente las alabanzas con que las autoridades glosan a los milenarios olivos, mis olivos. Que desde la atalaya privilegiada en la que se desarrolla el acto, cual es el parque Manuel Carrasco, veo la maravillosa panorámica de mi pu...eblo blanco, arropado por la compacta mole de La Peña, mi Peña. Que estando ahí situada, la memoria, ese territorio caprichoso, se vale de argucias sentimentales para llevarme a ese otro tiempo no tan lejano, en que la recogida de la aceituna era más difícil y trabajosa que la actual, y vuelvo a ver a mi padre, a mi madre, a mis hermanas y a mí misma, recogiendo el fruto bendito en el olivar familiar, el pedazo de tierra que mi padre heredó del suyo y que él supo mantener a costa de casi todo para transmitirlo a sus hijas, dejándonos así grabado en la genética del alma, el sentimiento gozoso de pertenencia a la tierra en la que nacemos. Que después, aguardo mi turno para recoger el hoyo aceitunero. Que abro el pan y vierto sobre él un generoso chorreón de aceite, dando testimonio de lo que es la esencia de Martos, mi Martos, primer productor de aceite de oliva del mundo. Y que con el último bocado del simple manjar, observo, siempre sorprendida y siempre expectante, cómo surgen y se deslizan por entre los capachos de la tradicional prensa, los dorados hilos del aceite primerizo hasta que llegan al recipiente que recoge el preciado zumo de aceituna. Así, el ritual de La Fiesta de la Aceituna, nos brinda cada año a los marteños una dulce y reconfortante sensación de pertenencia, ese rumor sumergido en las raíces de la conciencia que nos alimenta y ampara el corazón.

Trinidad Pestaña 

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