En Los diablos azules


El taller itinerante de lectura y escritura " La silla de anea" en "Los diablos azules", el suplemento literario de Info Libre, en el apartado Clubs de lectura. Y todo gracias a Luis García Montero. Gracias también a nuestra compañera Chony Millán, que le dio a conocer el taller y sus actividades, al mismo Luis, el cual se interesó por nosotras, un grupo de mujeres con espíritu colectivo aferradas al objetivo de fomentar la lectura y escritura en nuestro entorno.
 
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¿Por qué  el nombre de " Los diablos azules"?
 
Se llamaba Los diablos azules un bar de Madrid que cerró sus puertas. Durante años se celebraron en él tertulias literarias y sesiones de narrativa y de poesía. La nostalgia de invitó a abrir un espacio nuevo para seguir conversando de libros. Es un espacio que reivindica el pensamiento y las humanidades frente a la telebasura y las falsas dinámicas de los debates culturales ,donde hablar de libros es tanto como hablar de la vida, la sociedad, los asuntos políticos y las inquietudes del ser humano. Pero en otro tono y con otros tiempos.
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El lector
(Luis García Montero)
 
              
Al volver
burocráticos hombres con cartera
descansan un momento.
Hay un rumor de luces suspendidas,
una dispersa claridad de voces,
y en la tarde se abren
los pájaros en fuga,
el coro de las madres y de las bicicletas,
un músico ambulante.
La vida rutinario es esta mansedumbre
de gente que se llama, se besa, se despide,
mientras el sol incendia las fachadas
y se apaga en el agua de la fuente,
en la botella del mendigo.

Está la plaza llena todavía.
Desde el balcón, sentado con un libro,
comparto en soledad la jubilosa
caída de la tarde.
Después habrá un misterio en cada esquina,
un silencio de tilos y de sombras.
Descenderá la noche
saltando como un gato de ojos brillantísimos
y por el decorado de la plaza,
lejos ya del rumor de los talleres,
veré cruzar extrañas siluetas,
un loco en su caballo,
un monarca asesino,
una mujer adúltera de sueños descompuestos,
el sabio que ha vendido su alma, detectives
cargados de derrota,
piratas infernales
y también
burocráticos seres con cartera
que esconden en su vida rutinaria
un estrangulador,
un resistente
de guerras y ciudades sometidas
o tal vez un poeta.

En mitad de la plaza hay alguien que se vuelve
y levanta los ojos
para buscar la luz en mi ventana,
el faro de la noche y sus fantasmas.

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